Uno de los elementos que más me han interesado, en el mundo de la escritura romana, han sido las tablas de cera. En latín se las conoce como tabula cerata o tabellae.

Se trata de una pequeña plancha de madera, rebajada por el centro, en la que se vertía cera, normalmente tintada de color negro. Una vez endurecida la cera, se podía escribir en ella mediante un punzón conocido como Stilus. En realidad lo que se hacía era grabar, más que escribir… Había tablas simples pero también había conjuntos de varias tablillas que se unían mediante finas correas de piel, a modo de libro. ¡Se conocen conjuntos de hasta diez piezas! Estas se conocen como diptychon (2), triptychon (3) o poliptychon (a partir de 4)…

La educación en aquella época hubiera sido impensable sin este medio. Se utilizaba para anotar textos efímeros o que no debían perdurar largo tiempo o para aquellos que no fueran demasiado largos. Es decir, no servían por ejemplo para escribir un libro. Algunos ejemplos de uso serían notas de contabilidad, ejercicios escolares, cartas, e incluso contratos. Para estos últimos, existían incluso, tablillas especiales con un espacio destinado a los sellos de lacre para cerrar el contrato. En ellas se escribía aquello que se pactaba y luego las partes implicadas, cerraban mediante una correa la tabla de contrato y estaban allí su anillo sobre unas gotas de cera.

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